viernes, 21 de enero de 2011

CUANDO YA NO HAY MARCHA ATRÁS...

Agazapado entre dos coches, con la cabeza entre las piernas, en la noche más gélida de aquel mes de febrero, su cuerpo no dejaba de temblar y no se debía precisamente al frío. A pesar de que las temperaturas rondaban los 2º C bajo cero, él no notaba en sus carnes ese puñal helado. Sus puños cerrados y excesivamente rígidos, ya notaban el estado psicológico del rígor mortis, porque él, pese a verse a sí mismo golpeando la pared que tenía en frente con sus puños ensangrentados, pese a que los huesos de sus nudillos comenzaban a vislumbrarse, pese a notar ese dolor...él ya era consciente de que estaba muerto en vida. Nada le importaba excepto golpear una y otra vez la pared, antes grisácea y ahora ya, medio teñida de rojo.
Sollozando y preso de involuntarias convulsiones, se preguntaba a sí mismo sin cesar: ¿por qué lo hice? ¿Por qué lo hice? ¿Por qué lo hice?.
Por un momento algo le distrajo y le sacó de su delirio. Levantó un segundo la cabeza al mismo tiempo que abría sus ojos de una manera desorbitada: se trataba de una mosca que rondaba el cuello alto de su jersey de lana roja. Era la única prenda que llevaba puesta después de haber cometido aquel horrible crimen.
Mientras con la mirada perdida seguía el vuelo de la mosca, volvió atrás en el tiempo.
Sólo había pasado una hora. Recordó como había ocurrido todo y cerró los ojos fuertemente llevándose los puños a la cabeza, como si con ese acto fuera a quedar exonerado de sus actos. Una imagen del rostro de la chica le pasó como un flash por la cabeza. Como si de un proyector de diapositivas se tratara, las imágenes se sucedían rápidas, concisas, con toda claridad. No pudo permanecer en la misma habitación que ella ni si quiera para coger un pantalón o algo que le resguardara sus partes bajas. Aunque tampoco le preocupó demasiado ese detalle, después de lo que había hecho.
Salió a toda prisa de su casa, aturdido y corrió como fuera de sí mismo, como si fuera otra persona la que había cometido aquella barbarie, no él. Se miraba a su lado, corriendo, asustado, sudando. Se miraba perplejo como quien en un mal sueño se mira en un espejo y no se reconoce. Corrió unos 2 km, nadie le vio. Debían ser más de las 3 de la madrugada.
Por fin llegó al lugar donde jugaba de pequeño. Una calle sin salida llena de coches aparcados en batería. A unos 10 metros, una de las paredes grisáceas de su antiguo colegio. A él le gustaba aquel sitio...o solía gustarle. Ya daba todo igual. Él ya no merecía lugar seguro. Sólo le arropaba la culpa y el miedo.
Apoyado en el frío muro gris, por un momento notó su corazón bombear, pero esa sensación no duró mucho. Notó que se le revolvían las tripas y segundos más tarde vomitó sobre sus pies desnudos. La mosca seguía revoloteándole ahora atraída por el reciente vómito. La apartó con el puño aún cerrado, goteando sangre. Ésta emprendió el vuelo hasta dar con una mierda excretada hacía escasas horas...dado su hedor y consistencia. Se quedó mirando la mierda durante unos segundos que le parecieron horas. Observó como un grupo de moscas se posaban en ella.
Por un momento fugaz algo parecido a una sonrisa se reflejó en su rostro. Sin saber el motivo, se acordó de cuando él había sido feliz, antes de aquel crimen y nuevamente, se largó a llorar desesperadamente a la vez que aporreaba la pared con sus nudillos y repetía: ¿por qué lo hice? ¿Por qué lo hice...?

ROSTRO DE VOS

PARA VO (ASÍ SIN "S")

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

martes, 20 de abril de 2010

ALGUIEN COMO YO

Sucedió hará cosa de un año. Conocí a una tal Linda de la manera más catastrófica. Yo conducía mi recién estrenado automóvil y todo parecía ir a la perfección. El día era soleado, en la radio sonaba una de mis canciones favoritas y el tráfico, incluso en hora punta, era fluido, para variar. Aquello me sorprendió. Así que me encontraba de lo más relajado y feliz, algo insólito en mí. Abrí la ventanilla del coche y por unos momentos pensé suspirando- ¡qué buen día para echar un polvo!-. Mientras esperaba en los semáforos a que la luz cambiara de rojo a verde, observaba a las jovencitas pasear con sus hermosos escotes, sus interminables piernas y sus enormes y firmes culos. Todas ellas me parecían preciosas. A todas les hubiera dado un buen meneo. Estaba tan salido, que se me empezó a poner dura sólo de imaginar a una de esas nenas bajo mis sábanas. Corrían malos tiempos para mí. Así que sólo me quedaba la imaginación.
Por aquel entonces yo era un tipo ocioso, únicamente me dedicaba a jugar. El póker era lo mío. Había tenido una buena racha y la supe aprovechar. Gané bastante dinero como para vaguear durante un buen tiempo, sin tener que aceptar trabajos de mierda. Así que me dedicaba a ir de aquí para allá, sin rumbo fijo.
Ese día había decido pasarlo en la costa, lejos de la ciudad. Así que tomé la autopista, cerré la ventanilla y busqué en mi bolsillo mis Marlboro y el mechero. Me puse el cigarrillo en la boca y cuando iba a encenderlo, el mechero se me cayó.- ¡La puta que lo parió!- maldije.
Aminoré la marcha y me agaché un momento para ver si lo encontraba. Por fin lo localicé, lo tenía en mi mano pero en el momento de incorporarme, justo cuando entraba en zona de túneles, de repente lo noté-¡Crash! Todos los coches estaban parados y choqué con el de delante. El que venía detrás de mi tuvo tiempo de frenar.
El golpe no fue muy fuerte, pero estaba aturdido, algo mareado y con el pulso acelerado. Sin embargo no parecía tener ninguna contusión. De repente pensé en el conductor del vehículo al que había golpeado. Iba a salir para ver si estaba bien, pero no me dio tiempo. Los coches que estaban detrás del mío empezaron a tocar el claxon al unísono.
Entonces apareció ella. Salió del coche con el que había chocado. Era realmente bonita. Preciosos pechos, larga cabellera negra, algo bajita, pero bien formada. Me sentí un enfermo. Acababa de tener un accidente y sólo se me ocurría pensar en echarle un polvo.
Ella parecía cabreada y muy nerviosa, pero yo también lo estaba, no era para menos.
-¡Serás hijo de puta!- me espetó. - ¿No has visto la señal en el panel luminoso 2 km más atrás que decía: PRECAUCIÓN. RETENCIÓN EN EL TÚNEL? - Tenía razón. Iba tan absorto pensando en mis obscenidades que ni si quiera me fijé en los jodidos paneles luminosos.
-Lo siento mucho-fue lo único que supe decir-¿Estás bien?-Ella no me respondió. Se quedó mirándome unos segundos y luego se desmayó. Me acerqué tan rápido como pude a ella y empecé a darle palmaditas en la cara. Un grupo de personas de los coches contiguos intentaban ayudar.
-Eh, eh-le decía mientras intentaba reanimarla- ¡recobra el conocimiento, por favor!
En ese momento llegó la policía y una ambulancia. Menos mal que a alguien le daba por pensar cosas sensatas, no como a mí. Justo entonces ella volvió en sí.
-¿Dónde estoy?- dijo
-Hemos tenido un accidente. ¿Recuerdas? – No me respondió.-¿Te acuerdas de tu nombre?
-Creo…sí. Linda-dijo con voz tenue-¿Qué ha pasado?
-Hemos tenido un accidente. Pero estás bien. En realidad ha sido mi…-no pude terminar la frase.
-Vamos, vamos. Hay que llevar a esta joven al hospital -dijeron los tipos de la ambulancia-¿Usted está bien?- No me dejaron responder.- Tendrá que venir con nosotros también.
-Pero… ¿y el coche?
-No se preocupe por eso. La policía se encargará de eso. Una grúa se llevará los 2 coches a esta dirección.-Me dio una tarjeta que decía: DEPÓSITO LOS 2 HERMANOS.-De todas formas, no parece que tengan muchos daños.
-Veamos, ¿puede caminar? Métase en la ambulancia-. A Linda ya la habían subido con una camilla. Estaba despierta. Parecía calmada. Más bonita incluso que antes.
Nos quedamos los dos en la parte trasera. Ella tumbada y yo sentado, a su lado. Nos llevaban al hospital más cercano.
-Siento mucho lo que ha pasado. Quería decirte que ha sido mi culpa. Hice una tontería. No prestaba atención.
-No te preocupes-dijo ella-Lamento haberte llamado hijo de puta.
-Realmente lo soy-. Ella esbozó una sonrisa.
-Por favor, quédate conmigo-. Me tendió la mano. Yo la acepté.
No hablamos más. Cerró los ojos, pero sabía que no dormía. Llegamos al hospital. Yo estaba perfectamente, ni si quiera dejé que me viera un doctor. Me quedé allí esperando a Linda. Era lo menos que podía hacer. Después de 5 horas de espera salió sonriente.
-¿Qué ha pasado?-pregunté.
-Tranquilo, estoy perfectamente. Gracias por quedarte-. Le ofrecí un poco de agua que había comprado en una máquina expendedora. En aquel hospital de mierda seguro que ni le dieron de beber. Se la tomó entera. Veía subir y bajar su garganta mientras bebía y noté que ya volvía a ser yo mismo. Mi intermitente se activó. Sucio y degenerado cabrón-pensé.
Decidimos ir a buscar los coches juntos y arreglar el tema de los partes para el seguro. El depósito estaba a una hora de camino del hospital. Así que cogimos un taxi y nos dirigimos allí.
Por el camino se la veía relajada. Con la mirada perdida. Yo sólo podía mirar su escote y creo que ella se percató.
-No te preocupes-dijo-tú también me gustas-. Sonrió. Me dedicó una mirada lasciva y me tocó la entrepierna. Luego me besó. Y me besó. Casi me engulló. El taxista nos miraba por el espejo retrovisor. Debió pensar que era un tipo con suerte. Y tenía razón.
-Estoy cachonda-me dijo-Yo no me esperaba esa reacción. Creí que el sucio hijo de puta era yo.
-Oh, nena. Es la situación más surrealista en la que he estado nunca-ella se rió.
-Ni si quiera me has preguntado cómo me llamo-dije
-¿Acaso importa?- respondió ella sin dejar de tocarme.-Pero si te hace ilusión…dimelo.
-Jacob, me llamo Jacob.-Vale, Jack-Odiaba que me llamaran Jack, pero dadas las circunstancias, no me importaba demasiado. Ella seguía besándome, tenía la respiración entrecortada. Parecía muy excitada.
-Jack- dijo susurrándome al oído-quiero que me la metas ahora mismo, aquí mismo-. Yo estaba tan erecto que tampoco podía esperar. Así que me bajé la bragueta y ella se quitó el pantalón. El taxista seguía mirando, pero por lo visto no le importaba que nos lo montáramos allí, más bien disfrutaba de la situación. Era increíble. El mundo estaba lleno de tipos y tipas como yo. Al fin y al cabo, no era el único degenerado. Toda la sociedad estaba tan podrida como yo.
Linda se sentó sobre mí y manejó la situación. Realmente sabía moverse. Ya lo creo que sí.
Lo siguiente que supe es que ambos habíamos llegado. Fue precisamente en el mismo momento en el que llegamos a nuestro destino. Nos vestimos a prisa. El taxista nos dijo cuanto era el trayecto sin ni siquiera inmutarse. El cabronazo nos tendría que haber regalado la carrera, después del espectáculo que le habíamos ofrecido.
De camino a la entrada del depósito Linda me dijo-No ha estado mal del todo, ¿eh?- ¿Mal del todo?-pensé. ¿A qué se refería con mal del todo? Yo había estado mejor que nunca. ¡Había sido un purasangre!
-¿A qué te refieres nena? ¿No te ha gustado?
-Bueno…sí. Los he tenido peores. En algunos momentos parecías estar…un poco flojo. Pero no te preocupes. Eres un encanto, te has portado tan bien conmigo…
-Maldita zorra calienta braguetas-pensé. Pero no le dije nada. Al parecer ella era igual que yo, en mis buenos tiempos, claro. Una obsesa, coleccionista de fugaces experiencias sexuales. El mundo estaba podrido. Ya no había nada que hacer por él.
Recogimos nuestros vehículos. Comprobamos que arrancaban. Hicimos los partes pertinentes y se despidió sin más. Bueno, sí. Mientras se metía en su coche me dijo:
-Te doy un 6 Jack. Porque has sido amable conmigo y porque el asunto ha estado bastante bien. Un placer haberte conocido, aunque haya sido en estas circunstancias.-Soltó una risilla hipócrita-. -Adiós Jack, nos vemos en el infierno.
Mientras arrancaba el coche, pensé en lo irónico de la situación. Tiempo atrás había perdido una mano jugando. Póker de 6 contra escalera de color. Desde aquel día odiaba ese condenado número. Me hacía sentir como un perdedor.
–No me llamo Jack, es Jacob-dije en voz alta. Pero ella ya se estaba alejando. Ni siquiera me escuchó.

lunes, 19 de abril de 2010

NUNCA ESTUVE EN LA PATAGONIA

De aquellos años recuerdo,
la firme decisión de evadirme,
los reproches de mis amigos por mi marcha,
los miedos inculcados por mi madre,
la culpa, la pérdida de tiempo, el hastío,
las ganas de hacer de todo y no hacer absolutamente nada.
Las interminables horas de vuelo en aviones,
las consecuentes raciones individuales de comidas,
raciones individuales de conversaciones con extraños,
raciones inevitables de somníferos ingeridos sin cesar.
Todo aquello al fin me llevaba supuestamente adonde quería estar,
pero donde realmente nunca supe permanecer.
A 11000 Km de distancia todo se ve de un color diferente.
Nada más pisar aquel suelo,
me daba cuenta de que no estaba en la Patagonia.
Estaba en un lugar donde el amor se convertía
en una calle llena de cucarachas, a las que era imposible esquivar.
Y no había más remedio que pisarlas. Y crujían.
Y el sonido del crujir se insinuaba en mi paladar
como un nauseabundo sabor en mi boca.
Yo no quería un amor como aquel.
Yo quería el amor hecho lluvia,
mientras corríamos por las calles adoquinadas,
agarrados él y yo de la mano,
empapados de arriba abajo,
riéndonos a carcajadas,
con los pantalones alzados hasta las rodillas,
locos por llegar a casa y secarnos el uno al otro.
Ese era el amor que yo necesitaba. El AMOR con mayúsculas.
Yo nunca estuve en la Patagonia, pero de vez en cuando él me hacía volar hacia cualquier lugar en el que yo deseara estar.

domingo, 18 de abril de 2010

FUESE CUAL FUESE LA REALIDAD

Me levanté una mañana como otra cualquiera. Me dirigí al baño. Cuando salí me crucé con mi hermana. Sólo me percaté de que ella estaba allí cuando me dijo:-Buenos días-Pero no la podía ver. Veía el suelo que pisaba, las paredes que tocaba, los muebles. ¡Todo! Menos a ella.
-Noemi - le dije-¡No puedo verte! ¡Oigo tu voz, pero no estás ahí!
-¿Cómo es posible que no me veas?-me dijo-¿Y puedes ver todo lo demás?
-Creo que sí…- contesté aturdida.
-Vamos al balcón, quizá allí lo veas todo con mayor claridad. Me agarró de la mano y ciertamente notaba su calor, aunque ella era invisible ante mis ojos.
Al llegar al balcón, dijo: -observa ahí fuera. ¿Qué ves?
Veía los edificios contiguos, las grúas de edificación, las papeleras, los coches y oía niños reír.
-Oigo niños riendo. Pero no los puedo ver. ¿Acaso están lejos?
-No- respondió. Están justo en frente tuyo. Jugando. ¿De verdad no los ves?
No, no los veo-contesté. Veo el camión de la basura y a un tipo que gritar sin cesar “¡puta, eres una maldita zorra!”. Hace aspavientos con sus manos, como si quisiera golpear a alguien, pero no sé a quién. Aunque también oigo a una mujer llorar desesperadamente. ¿Está esa mujer con él? Ese tipo debe de ser un demente, ¿no?
-Sí. Seguramente lo es. Intenta golpear e insulta a la mujer que escuchas llorar, pero ella logra protegerse, por suerte. ¿A ella tampoco la ves?
No-respondí.
-Acaban de llegar dos policías-dijo mi hermana- alguien ha debido llamarlos al fin, menos mal. Pobre mujer. Se la ve muy asustada.
-No veo a los policías. Pero sí a unas personas un poco apartadas del tipo demente. Están hablando entre ellos, comentando la situación. Sus rostros expresan morbosidad.
- ¿No ves al joven que consuela a la mujer que llora?-preguntó mi hermana.
-No, Noemi. No veo más que al tipo ese que sigue gritando “¡zorra hija de perra!” y a las personas que observan sin inmutarse. Ahora veo a unos chicos que vienen calle abajo, riendo a carcajadas y hacen movimientos extraños. Dan patadas en el aire.
Qué curioso. Uno de ellos ha sacado una botella de whisky de la nada y está bebiendo de ella.
-Hay un señor mayor delante de ellos- puntualizó mi hermana. Está tambaleándose a punto de caer al suelo. No cabe duda de que tiene problemas con el alcohol. Esos chicos están burlándose de él y le han arrebatado la botella. El pobre anciano no ha podido hacer nada y ha tenido que cambiar de dirección por miedo a que esos crueles chicos se enfrentaran a él.
-No veo más que la maldad, Noemi. ¿Qué me pasa?
Mi hermana permaneció en silencio durante unos segundos. Después me respondió: Jelen, has perdido tu bondad.
De repente me miré las manos y me di cuenta de que me las podía ver. No me había percatado de ello hasta ese momento. Fui corriendo al encuentro de un espejo y ahí estaba yo. Reflejada en él. ¿Era yo como esa gente malvada que acababa de ver? ¿Tenía mi hermana razón? ¿Era una persona perversa? Me asusté.
Sí así fuera, no quería seguir formando parte de este absurdo mundo. Se me hizo un nudo en el estómago, me sentí con ganas de vomitar. Empecé a ponerme pálida y al poco rato, me desmayé.
Me despertó un portazo y el sonido de la voz de mi madre. Tenía los ojos cerrados. No me atrevía a abrirlos, por miedo a encontrarme con el reflejo de mi alma. Los apreté bien fuerte. Los pasos de mi madre se oían cada vez más cerca. Hablaba con mi hermana, se besaban y reían. Lloré en silencio. Nunca más volvería a ver a la gente que quería.
De repente mi madre abrió la puerta de mi habitación.
-Hola, mi niña. ¿Todavía estás en la cama?- yo seguía con los ojos cerrados. Me negaba a aceptar lo evidente. Las lágrimas corrían por mis mejillas. No quería ser una mala persona, pero todo evidenciaba que lo era.
Mi madre se acercó a mí. Me dio un beso. Noté sus labios y su calor. Fue la sensación más agradable que había tenido en mi vida. Jamás valoré ese gesto tanto como en aquel momento.
-¿Estás llorando?-dijo ella. ¿Pero por qué? A ver, mírame. Seguí sin abrir los ojos y sin mediar palabra. Ya no me sentía con derecho a decir nada.
-Anda, sal ya de la cama. Con el día tan bonito que hace…
En ese momento me percaté. -¿Cama?, ¿qué hacía yo en la cama?-pensé. Yo me había desmayado delante del espejo. No recordaba haber recobrado el conocimiento y meterme en la cama. ¿Cabía la posibilidad de que volviera a ver la bondad?
Abrí los ojos lentamente, primero un ojo. Luego el otro. No tenía fuerzas para dirigir la mirada hacia donde se encontraba mi madre. Al final, lo hice. ¡Y allí estaba ella! ¡La persona más buena del mundo. Mi madre. ¡Y la podía ver!
Esbocé una gran sonrisa y la abracé como nunca lo había hecho. La besé y la besé.
-¡Ay mi hija!- dijo ella. ¡Tiene mucho genio, pero que buena y cariñosa es!
Me levanté de la cama, contenta de que todo hubiese sido un sueño. Aunque tal vez no lo fue.
Fui directa al baño, me puse ante el espejo y mirándome en él dije en voz alta:
-Que las personas hagan cosas malas, no significa que sean malas personas-.
Salí del baño sonriendo y me dirigí al balcón dispuesta a observar la realidad…fuese cual fuese.

sábado, 17 de abril de 2010

COMO TODOS VOSOTROS

Soy como todos vosotros.
Me gusta la leche con café,
la nata abundante con fresas,
las conversaciones sin palabras,
observar como caminan
las muchachas sin llevar sostén.
Huyo de las personas que tienen mucho que contar,
pero sin nada interesante que ofrecer.
Amo el onanismo,
no tener que fingir conmigo mismo.
Me encanta dormir hasta las tantas,
acostarme al amanecer.
Bañarme durante horas,
que se arruguen los dedos de mis manos,
mientras observo cómo se cuartean el techo y la pared.
Adoro la misantropía, la soledad, la decadencia,
tomar el sol en una playa nudista,
las sesiones golfas,
pero sobre todo, el placer.
Soy como todos vosotros,
único, especial, diferente.
Exactamente igual...ya lo veis.

viernes, 16 de abril de 2010

UN PRINCIPIO A LO JESSE CUSTER

La conocí una noche en un tugurio. Apareció de la nada y se sentó a mi lado. Supongo que los demás pensaron que era un tipo con suerte. La invité a un trago. Luego a otro. Sabía beber, ya lo creo. Tenía estilo, tenía algo que atraía todas las miradas, supongo que serían sus piernas, aunque el resto de su cuerpo tampoco estaba mal.
Hablaba más bien poco. Básicamente era yo el que hacía las preguntas. Ella respondía con monosílabos y bebía un trago después de cada breve respuesta. Bebía y bebía.
Pronto me enteré de que su oficio era alcoholizarse y su oficina, aquel mismo bar. Eso me gustó. Estaba claro que teníamos puntos en común. Fue el camarero de turno, quien me puso al corriente de sus hábitos. Se acercó sutilmente a mí y como si creyera hacerme un favor, quiso que supiera con qué tipo de mujerzuela estaba tratando. Como si a mí eso me importara-pensé. Él no sabía que estaba tratando con otro profesional. Un peso pesado de la bebida. Le di las gracias lo más amablemente que pude –me resultó difícil ser amable, lo admito- y se fue no sin antes dedicarme una mirada de lo más desagradable. Allá él- pensé. Nadie le había pedido su maldita opinión.
Me centré en la chica. En el poco rato que había estado hablando con el camarero, ya se había bebido 3 cervezas más. Por un momento me asusté. Pensé con temor que realmente aquella nena me podía tumbar.¡A mí!. Sin darme cuenta me vi riéndome de mi propio pensamiento.
Entonces fue ella quien empezó a preguntar-¿Qué te hace tanta gracia? ¿A caso estás pensando que voy a acabar en tu maloliente cama? – Me dio por reír de nuevo- esta vez a carcajadas.
-¿Te crees un tipo duro, eh?. Seguro que no eres TAN duro como aparentas ser.
Yo seguía riendo. Cada vez más. Ella se levantó dando un bufido y se dirigió a la máquina de discos. Llevaba un vestido rojo ajustado que le hacía un culo espectacular, no podía apartar la mirada de ese culo.
Unos imbéciles que estaban jugando al billar pararon a su paso y empezaron a silbar. Ella les respondió enseñándoles el dedo y ellos se agitaron aún más. -¿Mujerzuela? ¿qué mierda sabía el camarero?-pensé. Ese no tenía ni idea de cómo usar su mano derecha. Menos aún de reconocer a una mujer de las buenas.
Mi chica ya estaba en la máquina de discos, buscando algo que poner, mientras lo hacía, se contoneaba de un lado a otro y hacía que un sudor frío cayera por mi frente. Dadas las miradas del resto de los que allí estaban, más de uno se tendría que haber limpiado su babeante boca.
¡Oye tú!- Le gritó al camarero-yo… yoo- dijo él tartamudeando.
-¡Sí, tú! ¡Pedazo de inútil!, ¡te he dicho mil veces que arregles esta puta máquina!- Al mismo tiempo que se quejaba, le dio un fuerte golpe y la canción empezó a sonar. Sonrió.
-Siempre he dicho que el mundo no sería mundo sin mujeres. Y este bar no existiría sin mí. Todos los imbéciles del local empezaron a aplaudir, como autómatas, como si estuvieran bajo el efecto de su lobotomía. Ella se acercó a mí.
-¿Tú no aplaudes? ¿Realmente te crees duro? ¿Eh...? Veamos si es cierto. Empezó a tocarme la entrepierna y puede que yo no fuera duro, pero en ese momento algo en mí sí que empezó a estarlo.
-Vamos a mi casa nena- le dije. ¡Ja,ja,ja ¡-se rió ella. Se levantó y se puso a bailar en medio del bar. Todas las miradas estaban puestas en ella. Incluso el camarero empezó a sudar. Se acercó a mí lentamente y me susurró: -Puede…
Se alejó de mí y siguió bailando. Esta vez con unos y con otros. Agarraba las cervezas de los tipos babeantes y bebía y bailaba. Tonteaba, se dejaba magrear, se regalaba…y a mí eso no me importaba. Había conocido a muchas mujeres como ella y sabía cómo se comportaban y yo sabía cómo tratarlas. Esas eran las que valían la pena de verdad.
Vino de nuevo a mí y añadió una coletilla a lo que me había susurrado anteriormente: -…Pero es muy probable que no. Volvió a reír. Siguió bailando con los tipos. Le divertía el juego, pero yo sabía, estaba seguro, de que me había elegido a mí. Puede que me tumbara bebiendo, pero en esto no me podía ganar.
Así que cogí, pagué la cuenta al camarero y mientras me cobraba me dijo: -ya te dije que es una mujerzuela. ¿Cuánto has invertido en esa tía sin conseguir absolutamente nada? Yo le contesté: -Mucho menos de lo que en realidad cuesta. Él se me quedó mirando como si no entendiera nada. Bueno, posiblemente eso era cotidiano en su vida, me refiero a lo de no entender nada.
Salí del bar sin ni si quiera mirarla. Sabía que era cuestión de segundos. Cuando había recorrido apenas una calle oí el grito.
-¡Eh tipo duro! ¿es que acaso crees que te vas a largar sin mí?
Se acercó lentamente contoneándose como sólo ella sabía. Apoyó sobre mí sus enormes pechos y me dio un beso de los buenos.
-No había dudado ni por un segundo que acabaría esta noche contigo. Los dos nos reímos y caminamos en busca de algún lugar donde comprar más cervezas. Había mucho por celebrar.

miércoles, 14 de abril de 2010

LA GRAN BOCA

Estaba desayunando una cerveza. Llamaron al teléfono. Debió sonar como unas cien veces. Finalmente despegué el auricular: era Laura. Respondí.
-¿Sí?
-¿Tú me consideras una amiga?-preguntó ella.
-¿Qué?
-Ya lo has oído y creo que la respuesta es NO. ¡Los AMIGOS se llaman por teléfono y hablan ! ¡Los AMIGOS no sólo follan sino que también quedan para ir al bar a tomar una cerveza! ¡Los AMIGOS se cuentan sus cosas y son sinceros y no se quieren porque uno se ha quedado sin dinero para comprar tabaco!!
¡ Los AMIGOS SIEMPRE tienen aunque sea cinco minutos para llamar y preguntar ¿cómo estás?!
Me soltó todo esto durante diez minutos, todo el tiempo. Sólo decía eso y vocalizaba mucho, supongo que era para que la entendiera bien.
En realidad tenía razón: no la había llamado en ocho o nueve días, pero también era verdad que no la consideraba una amiga. ¡Sólo la conocía hacía dos meses! Ya estaba empezando a pensar que era una chiflada o algo así. Mientras dejaba que soltara por teléfono su discurso habitual, me puse a reflexionar sobre el comienzo de nuestra relación.
Empezó todo por una equivocación, dos meses atrás. Me vio en el andén del metro, cagándome en todo: me cagaba en el transbordo, me cagaba en el conductor del metro, me cagaba en una vieja que no paraba de mirarme...
Finalmente se acercó y me dio un cigarrillo. Creo que realmente lo necesitaba. La diarrea se esfumó. Empezó a hablarme:
- Deberías follar más. Estás muy agresivo. Seguro que hace más de dos semanas que no follas. ¿A qué acierto?
Tenía razón: sólo se equivocó por una semana. Hacía tres que mi chica me había dejado por otro culo después de ocho cálidos meses.
Yo no le respondí y dejé que el metro se fuera sin mí. Podía ser una oportunidad.
Siguió preguntando, siempre estaba preguntando, casi nunca afirmaba nada.
- ¿Te gusto o voy a ser una de esas chicas a las que tienes que mirar dos veces para auto convencerte de que: “bueno... no está tan mal, y al fin y al cabo yo estoy TAN solo...”
Yo no sabía eso de mí pero creo que acertó: lo segundo. Sin embargo respondí:
-Eres lo único en que sería incapaz de cagarme hoy.
Así que me agarró del brazo y cogimos el metro.
No era mi tipo, es decir, no era como mi ex novia, pero tenía una GRAN boca. Supuse que algo se podría hacer con aquello.
Lo siguiente que supe es que estaba en su apartamento. Yo no había dejado el mío, simplemente, lo había abandonado un tiempo. Llevaba con ella tres semanas. Con ella, con su perro, su loro, su cama y el resto de sus muebles.
Me cuidaba muy bien, yo no hacía nada y ella llegaba de trabajar y se ponía a preguntar, le encantaba preguntar. A ella le bastaba con un beso y con que le contestara siempre que sí. Trabajaba en una panadería y siempre llegaba más o menos a las ocho y media, con bollitos calientes y un paquete de tabaco. Eso era lo mejor del día: lo de los bollitos y lo que pasaba después: realmente SÍ que acerté con su boca. Ohh! ¡Qué GRAN boca!
-¿Has sacado a pasear al perro?-preguntó.
-Sí.
-Ya sabes que necesita correr un poco todos los días, tiene que estar ágil.
-¿Te ha molestado mucho la bruja de al lado hoy? No le hagas caso está un poco loca. Todos lo están.
Se refería a los vecinos y francamente tenía razón. Había uno que se pasaba la vida fuera de su apartamento, en el rellano, picando el ascensor. Cuando subía alguien, él esperaba a quien fuese sólo con sus calzoncillos y su gran barriga peluda. Cuando se abría la puerta, allí estaba él: simplemente riéndose. Luego se ponía muy serio, como si fuera a llorar y se metía corriendo en su apartamento. Él y su gran barriga peluda. A mí me lo hizo un par de veces, pero tampoco me molestaba demasiado.
Así que estuve allí con Laura un mes y medio, y no me podía quejar, realmente no podía hacerlo... por eso me largué. Echaba de menos mis diarreas, llevaba mucho tiempo usando supositorios de glicerina. Así que la dejé allí con su perro, su loro, su cama y el resto de sus muebles.
Había dos cosas que dejaba con una cierta tristeza: el perro y su GRAN boca. Los polvos tampoco estuvieron mal... lo cierto es que no me podía quejar, no.
Volví a mi apartamento y al olor a cerrado. Me gustaba aquel olor.
Durante la semana siguiente la llamé un par de veces y seguimos follando también un par de veces, pero luego, se acabó. No pensé en llamarla más. Pero creo que ella no supo ver que había bajado el telón y continuó llamándome. Dos semanas. Dos semanas llamándome todos los días y como de costumbre, sólo preguntaba.
- ¿Cómo estás?, ¿Me echas de menos?, ¿Me quieres un poquito? El perro está triste sin ti... y yo también. ¿Podemos ser al menos amigos?
Finalmente respondí que sí, que podíamos ser amigos, pero creo que se lo tomó demasiado en serio. Lo digo por lo de las llamadas. Durante esas dos semanas me estuvo soltando el mismo rollo de: “ me-consideras-una-amiga . Los-AMIGOS-se –llaman-por-teléfono...” todo eso. Un día incluso se puso a llorar y a llamarme HIJO DE PUTA, y que no tenía sentimientos y que ella me quería y que lo había hecho TODO por mí...
Yo, nuevamente, le dije que tenía razón pero que no podía ser. Puede que fuera verdad que no tuviera sentimientos... o quizá sí, porque prometí llamarla a la semana siguiente, y lo iba a hacer, por el rollo de la amistad y eso, pero de nuevo se adelantó.
Allí la tenía otra vez al teléfono, sollozando. Yo ya iba por mi sexta cerveza de desayuno. Ella había estado hablando durante... no sé...había perdido la noción de tiempo pensando en los últimos dos meses. Finalmente me despertó de mi letargo:
-¿Puedes contestarme de una vez? ¡¡¡ Llevo dos horas hablando sola!!! ¿Ni siquiera tienes un rato para una amiga, no?
-Sí, para una amiga sí.
Colgué. Creo que me pasé. Me sentí un poco mal, pero supuse que ya se me pasaría.
Pasaron tres meses después de aquella llamada. Al fin: NADA. SILENCIO. Daba igual, de nuevo estaba solo, en mi apartamento, cagándome en todo. Necesitaba tabaco, pero no tenía a Laura.
Un día la vi con aquel tipo en un bar. Yo estaba solo y ella no me vio. Cuando se fue al lavabo me acerqué al tipo y le dije:
-¿Cómo está el perro?
-¿Qué?- respondió él.
-Realmente te llevas una de las mejores bocas de la ciudad.
Me fui. El tipo se me quedó mirando. Se levantó y se dirigía hacia mí cuando llegó Laura. Ella siguió sin verme. Yo sí que la vi. Iba con un paquete de tabaco y un cigarrillo en su boca.
Finalmente se sentaron y bebieron de sus cervezas. Yo me marché pensando en aquella GRAN boca.

LLORAR POR LO PERDIDO

Llorar por lo perdido,
por lo que pudo haber sido y no fue,
por las respuestas sin preguntas,
por los amigos que se convirtieron en enemigos,
por los corazones apuñalados,
por las sequías,
por las distancias desmesuradas,
llorar por el amor correspondido pero imposible,
por el odio irracional,
por los juicios deleznables.
Llorar hasta desvanecer,
y al desvanecer...soñar con llorar.

martes, 13 de abril de 2010

YA NO QUEDA ESPERANZA

Salí a la calle como cada día,
pero en la calle, no había nada, excepto gente,
así que volví a mi apartamento,
y justo en el momento de abrir la puerta
vino a mí una ráfaga de olor a resaca y vino rancio.
-hogar, dulce hogar- pensé para mis adentros.
Me tumbé en mi apacible cama de raídas sábanas,
y lo siguiente que supe es que estaba bebiendo vino barato.
Miré a mi lado y allí estaba Linda.
Linda era una de aquellas mujeres horribles,
que sin saber por qué,(o si) me atraían.
Allí estaba ella, sentada a mi lado en la cama,
bebiendo también vino de tetra-brik.
No hablábamos, sólo nos rozábamos de manera torpe y casual.
yo lo único que quería era tumbarla allí mismo y
besarla y echarle uno de los buenos…en fin.
Pero lo único que hacíamos era mirarnos y sonreírnos,
como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para jugar a creernos jóvenes.
Linda por fin habló: cuéntame algo divertido-me dijo.
Yo en lo único que estaba pensando
era en arrancarle las bragas y violarla allí mismo,
por que no había nada que decir, no había nada por lo que fingir,
no había nada divertido, ni aburrido que valiera la pena compartir,
excepto el vino tinto y las manchas de moho en mis sábanas.
ya no quedaba esperanza ni en mi propia casa.
Por fin me pareció que decía: -¡bésame ya, joder!
-¿por qué crees que estoy aquí, maldito cabrón?
Pero no era cierto, no había dicho nada,
sólo habían sido las voces de mi autosugestión.
Al poco rato, nos acabamos el vino y el vino acabó con nosotros.
Ella se quedó dormida, yo fui al wáter y me puse a cagar.
La esperanza se esfumaba por el retrete.
Pensé: tal vez debería haberle dicho que me besara.
Tal vez debería haberme lanzado yo.